LEYENDA CHIMBOTANA



El Ahogado:

Presentamos una de las Leyendas más famosas y antiguas ocurridas en Chimbote:


Esta historia es de mediados del siglo XIX, cuando se formaba el puerto que conocemos hoy. Dentro la bahía chimbotana un padre y sus dos hijos salieron a pescar, como los peces de aquel entonces eran enormes decidieron internarse para sacar los robalos más grandes y despertar la admiración de sus vecinos. Al parecer la pesca fue tan buena que no advirtieron la caída del sol y el advenimiento de una hermosa pero macabra luna llena, que empezaba a inquietar las aguas. Al percatarse, el padre y sus hijos remaron de regreso tan rápido como pudieron pero la noche ya los había sorprendido a mitad de camino. “Pa´ mira, ¡qué es eso!.,”, dijo uno de los muchachos absorto. El padre exhausto apenas distinguió la presencia de una negrura extraordinaria, inamovible y antropomorfa, flotando sobre las aguas. Presa de un terror preternatural, remó con desenfreno. Remó y remó; sin embargo, no se alejaba de aquella figura terriblemente quieta, a la que gritó: el ahogado. La sombra impía rodeó al hijo con una velocidad casi imperceptible, para, luego, arrojarlo al mar. El padre conturbado trató de salvarlo, pero las aguas se volvieron tan decididamente demoníacas, que fue imposible un rescate en la inconmensurabilidad de la noche. No recordó lo que sucedió después, o parece que prefirió no recordarlo, porque cada vez que se le preguntaba era víctima en un horror catatónico. Ya no volvió a ser el mismo. Se le observaba hasta el final de sus días internado en la bahía en busca de su retoño al que constantemente le escuchaba gritar aquel estribillo frustrante, demoníaco, confuso y a veces impronunciable que perduró algunas generaciones más en el oído de los pescadores, y luego quedó en el olvido: “Augxigglioooo…funglun-funglun me ahojoooo…nishi…niar…muero…papá”.

El ahogado en alta mar:

Escapar del ahogado no es cosa fácil, pero tampoco imposible. Una vez un grupo de pescadores salió a trabajar en altamar durante varios meses. La lancha El Intruso nunca había tenido problemas, pero su historia en ese viaje se vio marcada por una desgracia en la primera noche de luna llena: la desaparición de uno de los tripulantes. Nadie supo cómo. Lo buscaron sin dar tregua; al menos el cadáver, por si había muerto de alguna enfermedad. Nunca hubo rastro. Se forzaron a creer que por accidente cayó al mar, porque lo que todos realmente imaginaban era latente; sólo bastaban dos palabras para romper el silencio de sus pensamientos. ¡El ahogado, es el ahogado, y recién empieza!, dijo uno al fin. Los pescadores aterrados rogaron arribar a sus hogares; sin embargo, el patrón de lancha no podía dar esa orden por algo que él consideraba una tonta creencia. Los tripulantes temerosos trataron de vencer al miedo concentrándose en el trabajo, rezando y llevando algún rosario en el cuello que les pueda servir para encarar la maldad de los mares. Al mes siguiente la luna llena hizo su nueva aparición sobre una densa niebla que bloqueó la visión de los pescadores. El silencio se hizo intenso y las aguas se tornaron quietas, el mar empezaba a cantar de una forma espeluznante, ¡porque el mar canta muchacho, eso lo sabemos todos en este oficio! Siempre suele ser una melodía que tranquiliza los corazones; pero en esta ocasión, torturaba. La neblina lentamente se disipó, y fue cuando todos lo vieron, o creyeron verlo a causa de la histeria colectiva, incluso el patrón de lancha: una silueta negra e inmutable se hallaba sobre el mar. La quietud del mar se transformó en caos, y en medio del caos reposaba aquella maligna silueta negra. Más fue la agonía de los pescadores cuando esta silueta humana se acercó en línea recta y sin dejar rastro de movimiento alguno. Muchos tripulantes sucumbieron al hechizo; quedaron sordomudos, pues trataban de oír y no oían, trataban de gritar y no se les escuchaba; habían empezado a consumirse y se les veía adelgazar aceleradamente. En ese instante, un pescador, que por azares del destino o por no querer morir presa de una maldad de otro mundo, se tiró al mar y rompió el hechizo. En el agua exhortó a sus compañeros con señas a hacer lo mismo. Era lo más paradójico, lanzarse al mar, para salvar sus vidas del ahogado. Pero entendieron que el ahogado pierde sus poderes dentro del mar porque fue ahí donde vio la muerte en tiempos remotos.

Pero no cualquiera ni en cualquier circunstancia se puede romper el hechizo. Antes de arrojarse al mar es indispensable saber nadar sino la muerte es asegurada porque tras la aparición del Ahogado las aguas se embravecen. Ni tampoco te puedes arrojar al mar cuando estás rodeado de peñas pues simplemente el Ahogado te despedaza.

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